Capitalismo de bote salvavidas, catastrofismo, fronteras

Issue #001 / 19 nov, 2018 / Angela Mitropoulos

1. Categoría Tormentas

Al momento de escribir este artículo, el huracán Florence está avanzando frente a las costas de las Carolinas. Se ha emitido una orden de evacuación obligatoria. Quienes no pudieron salir del camino de las crecidas de agua debido a los costos prohibitivos del transporte, la incapacidad, el encarcelamiento o alguna otra forma de confinamiento, y quienes corren el riesgo de ser deportados si se refugian en instalaciones públicas de emergencia, han sido abandonados a su suerte frente a un desastre definido como natural. Estas órdenes de evacuación obligatoria no empoderan el movimiento. Son distribuciones estratificadas del riesgo y de los vacíos de responsabilidad—los actos de habla de una notable convergencia de escatología, gobierno y finanzas que definen los límites de la asegurabilidad y tratan las circunstancias contingentes en las que se encuentran las personas como una necesidad, una característica inherente, sea fatídica o afortunada—.

Tras la devastación ocurrida hace un año en Puerto Rico, las definiciones de “desastre natural”, la causalidad y la contabilidad de vivos y muertos, se han vuelto cuestiones primordiales y controvertidas, como lo son aquellas relativas a las infraestructuras de cuidado que filtran la ayuda de emergencia. La reciente reasignación de fondos del gobierno de Trump—$10 millones del presupuesto de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA); unos $30 millones de la Guardia Costera; y aproximadamente $260 millones de los programas dedicados a la prevención del VIH/SIDA y la investigación del cáncer—para financiar la detención de un número creciente de niños indocumentados y las actividades de la agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) es indicativa de su definición de riesgo y sus modos de abordarlo. Pero la infraestructura y la libertad de movimiento son esenciales para sobrevivir a eventos catastróficos. Dado que estas necesidades son indiscutibles, los conservadores han hecho que el conteo y la información de las muertes sean cada vez más “controversiales” o negables—como sucedió con el recuento de miles de personas que murieron en Puerto Rico a raíz del huracán María. Hace una década, al escribir sobre el marco oiko-político de las respuestas al huracán Katrina, sugerí que las tormentas perturban la superficie de la tierra, las geografías y arquitecturas de lo dado, y que plantean historias olvidadas y enterradas de la apropiación, su infraestructura y límites. Me pareció que si bien el huracán Katrina posiblemente había contribuido a la elección del primer presidente negro de los Estados Unidos, también había indicado los límites de ese cambio. La siguiente discusión retoma este argumento al llamar la atención sobre la figura del bote salvavidas como una ecología cerrada—una oikonomia o ley del hogar—que ha acompañado el resurgimiento político de la extrema derecha, teniendo en cuenta que tanto “ecología” como “economía” derivan del concepto de oikos.

En breve, el capitalismo de bote salvavidas es una teoría de finitud antropológica que recuerda la estética de tipos raciales de Kant. Sin embargo, impregna esas categorías (raciales) con un concepto teleológico de orígenes divinos, fines catastróficos y, no menos importante, una teoría de la salvación selectiva propuesta como una economía moral de “límites naturales”. Esto se enmarca dentro de una narrativa escatológica de la preservación-renacimiento de un orden jerárquico eterno a través de una “gran tribulación”. En otras palabras, es una teoría del desorden de los “lugares apropiados”. Es contrarrevolucionaria y anti-evolutiva. Por un lado, enfatiza una estética de restauración de prerrogativas y derechos de propiedad, la bisagra entre un concepto providencial de liberalismo económico (Smith) y uno de conservadurismo apocalíptico (Malthus). Por otro lado, descarta la comprensión ateleológica de Darwin de las imprevisibles implicaciones y ventajas de los atributos diversos en circunstancias cambiantes al restablecer una teleología de propiedades eternas, ideales, dentro de un relato escatológico de catástrofe, enfatizando en cambio la necesidad del “aislamiento reproductivo” de aquellas propiedades (raciales) como condición de salvación. Como consecuencia, el capitalismo de bote salvavidas trata el clima como algo incognoscible pero providencial, y los desastres ambientales como “naturales”, es decir, como una forma implícita de juicio divino o un “Acto de Dios”.

FILE - In this July 5, 2016, file photo, visitors pass outside the front of a replica Noah's Ark at the Ark Encounter theme park during a media preview day, in Williamstown, Ky. Kentucky's massive biblical attraction is opening a new exhibit that promotes the message of the Bible called "Why The Bible Is True." A ribbon cutting for the new display will be Friday, Feb. 24, 2017, at the Ark Encounter. (AP Photo/John Minchillo, File)
In this July 5, 2016, file photo, visitors pass outside the front of a replica Noah's Ark at the Ark Encounter theme park during a media preview day, in Williamstown, Ky. Kentucky's massive biblical attraction is opening a new exhibit that promotes the message of the Bible called "Why The Bible Is True." A ribbon cutting for the new display will be Friday, Feb. 24, 2017, at the Ark Encounter. (AP Photo/John Minchillo, File)

El Arca, por supuesto, es una imagen de la salvación… solo hay una puerta.

—Ken Ham, “How Many Doors?”

2. Arcaeologíade la finitud humana

Ark Encounter [Encuentro Arca] es un parque temático evangélico y creacionista en el Condado de Grant, Kentucky, Estados Unidos. Propiedad de Answers in Genesis (AiG) [Respuestas en el Génesis], es parte de un número creciente de instalaciones recreativas culturales cristianas que combinan el turismo evangélico con las “manualidades caseras”.En muchos casos, estos centros también suministran los materiales suplementarios de la educación en el hogar, como las tiendas de manualidades Hobby Lobby, cuyos propietarios participaron en la construcción de Ark Encounter y son dueños del Museo de la Biblia en Washington, DC. Como Susan y William Trollinger señalan en su discusión sobre el Museo de la Creación en Kentucky—que también es propiedad de AiG—, los principios fundamentales de esta industria de la cultura evangélica son el literalismo bíblico (o “inerrancia”), una visión premilenialista de la historia, el patriarcado, el conservadurismo político y el creacionismo. Es una industria cultural comprometida en lo que entiende como una guerra cultural apocalíptica y maniquea.

Dentro de la historia de la museología, Ark Encounter no es simplemente una cámara funeraria de objetos muertos, como Adorno describiera alguna vez el museo, aunque incluye artefactos y sus supuestas réplicas. Tampoco se trata del precario barco de Foucault, el contrapunto romántico del teórico al tiempo eterno y en acumulación del mausoleo, que caracterizó como una “heterotopía por excelencia” que lleva a los hombres en un océano infinito entre colonia, puerto y burdel. La línea entre la piratería y el saqueo es delgada. Recientemente, un tribunal ordenó a los señores Green—los dueños de la empresa Hobby Lobby Stores Inc., cuya colección ocupa tres secciones en Ark Encounter—, a que devolvieran miles de artefactos antiguos que se descubrió fueron sacados de contrabando de Irak. El museo tampoco coincide exactamente con la definición idealista y redentora de Hubert Damisch de la arquitectura como Arca de Noé. En Ark Encounter, la imagen de las estructuras intencionadas a través de las cuales algunas criaturas sobreviven al fin del mundo es enfáticamente selectiva: “solo hay una puerta”. No todos los seres vivos están destinados a sobrevivir a su narrativa teleológica—siendo este todo el propósito de su trama—. La construcción de Ark Encounter es, posiblemente, resultado del proceso que Rosalind Krauss describió como el paso en la organización del museo de patrimonio público a asunto privado, aunque tal vez no sea del todo como Krauss lo había previsto. La estética naturalista de madera desnuda de Ark Encounter es totalmente opuesta al minimalismo de vestíbulo corporativo, a excepción de la ingeniería industrial a gran escala sin la cual el museo no podría haber sido construido. Esta versión de la “nueva museología” es tanto proceso como producto interactivo. Su inmersión en la diferencia cultural no es exactamente el comercio de exotismo discutido por Natalie Alvarez. No invita a los visitantes a asombrarse o quedarse boquiabiertos ante lo extraño, sino a alejarse de los extraños, a salir de un mundo material que se percibe como cada vez más ajeno, demasiado raro y en fluctuación catastrófica, e ingresar a un espacio de estéticas ideales, aunque mayormente rústicas y familiares. Como señalan Trollinger y Trollinger, la salvación llega a aquellos que cruzan su umbral y la condenación a quienes no lo hacen. En otras palabras, la idea de Foucault de una transición histórica del orden de la semejanza al de la infinitud aquí se presenta como la dura elección en un drama neoplatonista y evangélico—la revelación del “origen del dolor y la muerte, así como el plan de Dios para terminar con la tragedia para siempre”, y la propuesta del renacimiento de formas ideales y eternas en un límite apocalíptico—.

Construido con madera de pícea y abeto de Nueva Zelanda, el edificio principal de Ark Encounter es una reconstrucción colosal del Arca de Noé, tal como se describe en la historia bíblica del diluvio. Con siete pisos de altura y 60 metros de largo, se dice que es la estructura de madera más grande del mundo. En línea con la “nueva museología”, involucra instalaciones físicas y exposiciones interactivas que están diseñadas para ser inmersivas e instructivas—un depósito sensual y performativo de la mitología bíblica—. A diferencia de la mayoría de los museos contemporáneos, y directamente en contra de las convenciones de los museos de historia natural, presenta una teoría anti-evolutiva de una “tierra joven”. Al ofrecer no un relato metafórico del Génesis sino su interpretación literal, Ark Encounter propone que el universo y toda la vida en la tierra fueron creados divinamente hace menos de diez mil años, y en el transcurso de seis días. En la medida en que se entiende que los museos son un depósito confiable de conocimiento, facilitan el ejercicio del poder disciplinario. En el caso de Ark Encounter, sin embargo, el empirismo y el orden de las semejanzas observables con las que se han asociado las ciencias objetivas han cambiado. En su lugar se encuentra una autodenominada estética polémica que se asemeja a una visión maniquea del conflicto premilenial—estética que alude al empirismo (aunque sea como una estética sensual que cifra la causalidad, o cualquier concepto de objetividad, en una palingénesis nostálgica) y enfatiza una comprensión neoplatónica del tiempo eterno y las propiedades trascendentes—.

Más allá de las estimaciones del significado y la medida de sus “codos” y costos, el arca de Kentucky es una teoría de las poblaciones. Presenta una historiografía antediluviana de la población humana de la tierra, derivada de los pasajes del Génesis de la Biblia (“cuando los hombres comenzaron a multiplicarse en la faz de la tierra y les nacieron hijas”), que pretende explicar los orígenes divinos de la mortalidad humana: “El fin de toda carne”. Según este relato, la finitud humana es el resultado del juicio catastrófico de Dios sobre los deseos impuros. Antes del Génesis, según la Biblia de Referencia de Scofield, los “hijos de Dios” son inmortales y angelicales, no hay “ángeles femeninos” y “el matrimonio es desconocido”. Después del diluvio del juicio de Dios sobre la apostasía, los hombres se vuelven mortales, todos los seres vivos se dividen en hombres y mujeres, y comienza la genealogía registrada y el nacimiento de los fieles, junto con la institución del matrimonio heterosexual. Debido a que el Génesis menciona la aparición de un arco iris al final de las lluvias torrenciales, la estructura de Ark Encounter se ilumina con un espectro de luz en la noche. El objetivo, como lo expresa el fundador de AiG, Ken Ham, es “un recordatorio de que Dios nunca más juzgará la maldad del hombre con un Diluvio universal; la próxima vez el mundo será juzgado por el fuego” y, por lo tanto, “los cristianos necesitan recuperar el arco iris” de su uso como una bandera de orgullo queer. El crecimiento de una industria dedicada a la cultura evangélica ha sido posible gracias al apoyo del gobierno y sus preferencias financieras, como las exenciones fiscales y elusiones tributarias disponibles para las asociaciones y corporaciones religiosas o apostólicas y sus donantes. También se emitieron reembolsos adicionales de los impuestos estatales de Kentucky a AiG—alrededor de $ 18 millones en incentivos fiscales—, luego de que un estudio de factibilidad realizado antes de la construcción del arca descubriera que era probable que incrementara el turismo. El estudio fue encargado por el gobernador de Kentucky, Matt Bevin, miembro de la que se estima que es la cuarta iglesia evangélica más grande de los Estados Unidos.

Ark Encounter representa parte de un esfuerzo más amplio por brindar una explicación alternativa de la subida del nivel del mar. El tema central de Ark Encounter, en pocas palabras, es el poder redentor del hogar privado, patriarcal y autosuficiente. De dos en dos, se les ofrece la salvación a las criaturas vivas bajo la forma de un regreso a un arreglo clasificado y la diferenciación sexual binaria. Su inminente destrucción apocalíptica en el catastrófico diluvio del juicio de Dios es evitada restableciendo el orden apropiado de la autoridad patriarcal y divina y el matrimonio heterosexual. Esta sugerencia de una clasificación universal y eterna de todos los seres vivos se basa en la scala naturae de Carlos Linneo, o “gran cadena del ser”, pero actualmente su abrumadora obsesión es el declive de la cadena patriarcal del ser que se extiende desde cada familia, a través de la nación, y en última instancia hasta Dios, aquí entendido como el padre absoluto. “¿Por qué el Señor ha erigido organizaciones de ciencia de la creación en todo el mundo?”, pregunta Ham. “Cuando hoy vemos a los Estados Unidos y a otros países”, responde, “vemos un aumento de la homosexualidad, del apoyo al aborto a pedido, de la desobediencia a los que tienen autoridad, de personas que no quieren trabajar, pornografía, el abandono del matrimonio y la ropa recatada, por mencionar solo algunos ejemplos”. Además, Hobby Lobby Stores, Inc. es quizás más conocida fuera de los círculos evangélicos como la exitosa demandante en Burwell v. Hobby Lobby, el caso emblemático de “persona corporativa” que en 2014 anuló el mandato de atención de salud reproductiva no discriminatoria de la Ley de Protecciónón al Paciente y Cuidado de Salud Asequible.

3. El desorden de las cosas.

El énfasis en la estética que produce instalaciones como Ark Encounter, busca hacer realidad la idea de un orden de propiedades jerárquico y absoluto, a través de los sentidos. Da lugar a una estética maniquea de la discriminación, que es entendida como una economía moral, la base de la legislación y los casos legales de la así llamada “libertad religiosa”. No es el tipo de teología que condujo al informe pionero de 1987, Toxic Wastes and Race in the United States [Residuos tóxicos y raza en los Estados Unidos]. Tampoco es una teología del cuidado ofrecido a quienes luchan por vivir en circunstancias que no son de su elección. Por el contrario, re-imagina condiciones invivibles—las que resultan del aumento de las temperaturas, la devastación de los huracanes y la subida del nivel del mar, y la distribución modelada del racismo ambiental—como consecuencia del funcionamiento providencial e incognoscible de un juicio cruel sobre un mundo considerado caído y desobediente. Junto con una epistemología que insiste en el conocimiento humano limitado—concebido como el pecado de intrusión en la omnisciencia y propósito divinos; la base de los argumentos de que la ciencia y las políticas climáticas usurpan la autoridad de Dios—, esta comprensión escatológica de la población constituye la estética contemporánea fundamental de la finitud antropológica que sustenta la teología evangélica blanca. Es una teoría de las poblaciones que interpreta la historia del Arca de Noé en los pasajes del Génesis de la Biblia como una genealogía tácita de “un pueblo elegido”. La teología político-económica del capitalismo de bote salvavidas se alinea con el liberalismo económico y el neoliberalismo en todo menos en un aspecto crucial: la idea del “orden natural y el curso de las cosas”—la omnipresente frase de Adam Smith—se convierte en una estética nostálgica del desorden de este mundo. Su corolario es una comprensión ontológica y antropológica de la precariedad que trata la incertidumbre como si fuera parte de la condición humana, y no como un resultado histórico de la acción humana.

Sin embargo, no existe un concepto de desorden o caos que no presuponga un orden perdido o que pueda ser restaurado. De hecho, en un esfuerzo por contrarrestar la aceptación cristiana estándar de las explicaciones antropogénicas del cambio climático, en 2010, el grupo Cornwall Alliance emitió el comunicado An Evangelical Declaration on Global Warming [Una declaración evangélica sobre el calentamiento global]. La declaración describía la tierra de la misma manera en que Smith y luego Friedrich Hayek entendieron la economía autorregulada: como el producto del “diseño inteligente y el poder infinito de Dios” y, por lo tanto, “robusta, resistente, autorregulada y autocorregida”. El liberalismo económico de Smith llevado a una perspectiva sobre las inclinaciones naturales de los hombres, cuyos deseos y preferencias variables estaban armonizados por la mano invisible y providencial de Dios. A raíz de las revoluciones en Francia y las colonias francesas, la idea de una tendencia hacia el equilibrio dio paso a una idea de juicio apocalíptico. En los escritos del siglo XVIII de Thomas Robert Malthus, por ejemplo, el clérigo protestante insistió en la regulación coercitiva del sexo y la eliminación del bienestar parroquial, para que los hábitos y la conducta de los pobres puedan convertirse en actividades productivas y reproductivas adecuadas. Hoy en día, la Cornwall Alliance argumenta de manera similar que cualquier medida destinada a aliviar problemas ambientales y sociales tendrá resultados perversos y catastróficos. La ciencia climática, y ​​más aún la acción en torno al cambio climático, es vista como una forma de desobediencia a la gracia de Dios y al supuesto orden natural de las cosas. Por ejemplo, los miembros de la Cornwall Alliance “niegan que la Tierra y sus ecosistemas sean el resultado frágil e inestable de azar, y particularmente que el sistema climático de la Tierra sea vulnerable a una alteración peligrosa debido a cambios minúsculos en la química atmosférica”. Dentro de esta teoría del “diseño inteligente y el poder infinito de Dios”, la casualidad, la incertidumbre y, no menos importante, la catástrofe, se entienden como las condiciones necesarias y divinamente ordenadas que dan lugar a la circunstancia de la “libertad natural” como el escenario de la “responsabilidad personal”, una elección personal entre el pecado y la redención. El supuesto que se quiebra entre la mano providencial de Smith y el cruel puño de Malthus es que la mano de Smith solo era capaz de guiar las diversas preferencias de los hombres poseedores de propiedades. Hoy en día, con la expansión de los derechos civiles, económicos y políticos, los conservadores ven desobediencia por todas partes—una insubordinación que las teorías conspirativas de la extrema derecha imaginan como la mano oscura e invisible del desorden—.

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KHALED SABSABI
Fuck Off We’re Full (installation view), 2009

…al salir a escena el “principio de la población”, sonó́ la hora de los curas protestantes.

—Marx, Capital, Volumen 1.

4. Inseguridad, extraterritorialidad, nacional-populismo.

En sus historias de liberalismo económico y neoliberalismo, Foucault le dio mucha importancia al concepto de población—mucho más que al de biopolítica, por el que posiblemente sea más conocido—. Sus conferencias de 1977–78 sobre seguridad, territorio y población se centran en lo que él describió como “la génesis de un saber político que iba a situar en el centro de sus preocupaciones la noción de población y los mecanismos capaces de asegurar su regulación”. Sin embargo, aunque Foucault habló con cierta amplitud sobre población durante muchos años, sus referencias a Malthus son extraordinariamente breves. Más aún, dada la importancia de las perspectivas malthusianas y neomalthusianas para la política de la extrema derecha, la idea de Foucault de que el concepto de población provoca un alejamiento de la coerción, el declive de un estado territorial y, más aún, una disminución de la influencia del poder pastoral y la autoridad eclesiástica, resulta sorprendente y discutible.

El ecologista californiano Garrett Hardin, uno de los partidarios más ardientes de Malthus y un supremacista blanco, alcanzó una prominencia polémica una década antes de las conferencias de Foucault con la publicación de “La tragedia de los comunes” en 1968. Junto con éxitos de ventas como The Population Bomb [La bomba poblacional] de Paul R. Ehrlich, The Silent Spring [La primavera silenciosa] de Rachel Carson, y la publicación “Los límites al crecimiento” del Club de Roma, los escritos de Hardin fueron un índice del enorme resurgimiento de la teoría poblacional malthusiana o neomalthusiana que comenzó a finales de los años 1960 y continua en el presente. De hecho, la inmensa popularidad de estos escritos neomalthusianos sobre la “sobrepoblación” fue el telón de fondo inmediato de las conferencias de Foucault sobre población. En el mismo año en que Foucault dio esas conferencias, Hardin publicó “Lifeboat Ethics: The Case Against Helping the Poor” [Ética de bote salvavidas: el caso contra ayudar a los pobres], un ensayo infame en el que comparó a Estados Unidos con un bote salvavidas y argumentó que, a menos que se prohibiera la inmigración de los llamados países del Tercer Mundo, se produciría un cataclismo económico y ecológico.

Lo que distingue al neomalthusianismo de Malthus es la primacía dada a los controles sobre los movimientos poblacionales a través de las fronteras, que no existían en la época de Malthus. La principal obsesión de Malthus era la “carga” sobre el bienestar de la parroquia que suponían las personas que se habían trasladado de las zonas rurales a las ciudades y, según su punto de vista, tenían demasiados hijos fuera del matrimonio como para asegurar la privatización del bienestar de cada niño. Según Malthus, si los pobres no fueran obligados a realizar trabajo productivo, y los hogares no fueran el medio de la fortuna y la desgracia privadas, se produciría una catástrofe bíblica—precedida por el agotamiento de los bienes de los ricos—. El neomalthusianismo elaboró ​​esta advertencia estableciendo una analogía entre las fronteras nacionales y el concepto malthusiano de “límites naturales”. Ese concepto de límites codifica de manera abstracta el uso de recursos dados como necesarios y eternos, pero cuyos impactos ambientales dispares no son de ninguna manera equivalentes a otros, y sobre esa base deriva un concepto de “sobrepoblación” que trata el tamaño de la población como la variable crucial en una teoría del uso de recursos. El neomalthusianismo redefinió las fronteras como esos límites naturales o barreras a la “sobrepoblación”, previendo un conflicto apocalíptico sobre recursos presuntamente limitados entre la migración (migrantes) y la proporción de nacimientos a muertes (ciudadanos). En este relato, la migración es entendida como un método no natural e impropio de crecimiento de una población, mientras que el nacimiento y la muerte de los ciudadanos se considera como una variable ordenada por Dios. Durante más de una década, Hardin estuvo involucrado con el grupo supremacista blanco y antiinmigrante Federación para la Reforma de Inmigración Estadounidense (FAIR)—gran parte de ese tiempo como miembro de su junta directiva—, así como con Social Contract Press, una editorial nacionalista blanca. Sucede que el gobierno de Trump incluye a varias personas con vínculos de larga data con FAIR, entre ellos Jeff Sessions, Kris Kobach, Kellyanne Conway y Stephen Miller, e incluso el defensor del pueblo de los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos fue director ejecutivo de FAIR por alrededor de una década. La política actual de la Casa Blanca sobre la migración ha sido dictada en gran parte por una lista de propuestas presentadas por FAIR en noviembre de 2016 en el National Press Club en Washington, DC. Cuando Hardin hizo que los controles de migración fueran una característica central de su argumento para el control de la población, tomó prestada la figura del bote salvavidas del resurgimiento pentecostal y el evangelismo apostólico de Dwight L. Moody. El pensamiento de Moody—dentro del cual la incertidumbre es re-descrita como la condición de alistarse para la salvación de un mundo caído y como la preparación para el final catastrófico de los días—ha sido influyente en el evangelismo estadounidense. En uno de sus sermones más famosos, caracterizó su misión apostólica de la siguiente manera: “Veo a este mundo como un barco destrozado. Dios me dio un bote salvavidas y me dijo: ‘Moody, salva a todos los que puedas’”.

La tendencia neo-malthusiana a enfatizar el aislamiento tiene su corolario en la historia de la teoría evolutiva, en donde el concepto de población ha sido, durante mucho tiempo, un eufemismo para la regulación de los deseos. Cuando Georges Buffon afirmó, en el siglo dieciocho, que la atracción y la repulsión son las dos fuerzas primordiales de la naturaleza y, por lo tanto, explican la delimitación (especiación), la reproducción y la variación de la población, proporcionó el antecedente fundamental para la teoría de la población, dentro de la cual la estética también es entendida como determinativa y explicativa. Buffon sostuvo que los órdenes de semejanza de Linneo que dieron origen a los “géneros, órdenes y clases existen solo en nuestra imaginación”. Darwin concluyó de manera similar que “los géneros son simples combinaciones artificiales hechas por conveniencia”, ya que la propiedad esencial que distingue a una especie es “indescubrible”. Cuando estos teóricos sugirieron que un orden caracterizado por el parecido no es observable (como Kant insistiría de otra manera), por el contrario, la así llamada Síntesis Moderna de los años 1930 y 1940 “redescubrió” un mecanismo de tipificación en las operaciones de la frontera, y un mecanismo de selección en la segregación—una inclinación puesta en evidencia por el énfasis dado por Ernst Mayr y Theodosius Dobzhansky a los mecanismos de “aislamiento reproductivo”—. El concepto de aislamiento reproductivo tomó prestada una renaciente estética segregacionista racial-nacional de propiedades categóricas supuestamente únicas, que surgió en la década de 1930, y le dio credibilidad. Según ese punto de vista, la frontera se materializa como una estética racial de repulsión y atracción dentro de la teoría evolutiva moderna. La jerarquía clásica de Linneo de los seres vivos organizada por una semejanza espuria no dio lugar a una escala continua, como sugiriera Foucault en El orden de las cosas, sino que retrocedió como un concepto de calificación (racial) a través de una antropología de la finitud y juicio estético neo-kantianos. A través del dualismo de los mundos finitos e infinitos, nuevamente fue posible sumergir las categorías estadísticas, y sus fronteras y variaciones, en una narrativa providencial y escatológica—una que se hizo evidente en la narrativa de “nacer de nuevo” del “Make America Great Again”—.

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GEORGE SANCHEZ-CALDERÓN
Found Object lost out at sea : The raft of Cuban exile attempting to make safe haven in the U.S. 1993 / Exhibited at the Franklin Furnace Archive as part of “El Museo de Los Balseros” an exhibit by George Sánchez-Calderon, 1996.

5. Constructores de muros y porteros

Cuatro décadas después de la publicación de “Lifeboat Ethics” de Hardin, el asesor principal de políticas de Donald Trump, Stephen Miller, abordó una serie de restricciones propuestas a la migración en base a una lógica similar. Las restricciones eran necesarias, insistió Miller, porque el “sentido común” observaba que “algunas empresas quieren atraer más mano de obra no calificada [es] porque saben que baja los salarios y reduce los costos laborales”. ¿Dónde estaba la evidencia de esta narrativa? “Los hechos”, agregó Miller, “hablan por sí mismos. En algún momento, rendimos cuentas ante la realidad”. Cuando los reporteros le pidieron que identificara qué “hechos hablan por sí mismos”, Miller respondió: “Creo que el estudio más reciente que señalaría es el estudio de George Borjas que acaba de hacer sobre el éxodo de balseros de Mariel”.

El libro de Borjas se titula Heaven’s Door: Immigration Policy and the American Economy [Puerta del cielo: la política de inmigración y la economía estadounidense]. Da la casualidad de que su estudio es uno de los pocos que pretende haber encontrado evidencia de que la migración tiene un impacto negativo en los ingresos y los niveles de empleo de los trabajadores locales. El éxodo de balseros de Mariel se refiere a un período de unos seis meses en 1980, en el que alrededor de 125,000 personas lograron ir en barco desde la ciudad portuaria de Mariel en Cuba a Miami, Florida, durante las negociaciones entre los gobiernos sobre ese filtro que es la frontera entre ambos países. Debido a que se puede distinguir plausiblemente como un evento puntual en las complejas variaciones de un conjunto limitado de frecuencias estadísticas y su comparación categórica—los barcos, la nación, las cohortes de ingresos—, los científicos sociales y los economistas de mercado laboral han considerado que el éxodo de balseros se aproxima a condiciones experimentales casi perfectas para probar hipótesis sobre el impacto de la migración en los ingresos y el empleo. Sin embargo, como señalan Michael Clemens y Jennifer Hunt, la disminución en los ingresos de los trabajadores locales que Borjas afirmó haber descubierto puede atribuirse a un cambio en el método y alcance de su análisis estadístico—es decir, no al movimiento de personas a través de las fronteras, sino más bien una modificación en las técnicas estadísticas—.

La analogía del “bote salvavidas” de las propiedades nacionales en circunstancias apocalípticas, según la cual la discriminación es racionalizada como un mecanismo de salvación condicional, no es estrecha ni marginal. Desde fines de la década de 1960, los evangélicos blancos conservadores se han convertido en la base electoral más importante y confiable del Partido Republicano, y en particular, de la presidencia de Trump. Dado este electorado, la teología de los botes salvavidas y una gran cantidad de pseudociencia que otorga significado escatológico a categorías estadísticas se han convertido en un rasgo innegable de los argumentos de la política conservadora. Tal como ha sugerido Upamanyu Pablo Mukherjee, la manera en que el Imperio Británico trataba los “desastres naturales” en las colonias durante el siglo XIX, bien puede ser un antecesor de la triangulación contemporánea de desastres, desigualdad social y formas culturales. Sin embargo, la naturalización del desastre y la figura del bote salvavidas tienen una historia más amplia en el esfuerzo por recuperar un orden supuestamente subyacente o trascendente de su desorden percibido—es decir, la inestabilidad y el esfuerzo simultáneos para restaurar la idea de lugares y propiedades adecuados, sin la cual el circuito de capitales y contratos permanece peligrosamente abierto en todos los aspectos, e imposible de asignar a un propietario definitivo—.

En esta discusión Foucault ocupa un lugar preponderante, dada la importancia que atribuyó al concepto de población. Sin embargo, su afirmación de los cambios epistémicos y las épocas históricas—generalmente leída como una teoría de la biopolítica—es dudosa. Su propuesta de que el orden de la semejanza es diferente a una antropología de la finitud (aunque la antropología kantiana comienza con una geoestética de la raza, que habría inventado) y su olvido del malthusianismo (y el neomalthusianismo) que acompaña su afirmación de que el “gobierno de las almas” (es decir, el neoplatonismo cristiano) y la oikonomia (la “ley de la casa”) se han quedado atrás en algún pasado arcaico, son especialmente cuestionables.

Independientemente de las críticas a su esquema histórico, Foucault ofreció un contrapunto importante a la noción de fronteras discutida aquí, que en la práctica se logra al delegar la autoridad sobre los movimientos de personas a un conjunto extraterritorial y geopolítico complejo de agencias gubernamentales, corporaciones y ONG. En una entrevista en 1979 sobre el trato a los refugiados de Vietnam, en lugar de asignar el poder sobre la vida y la muerte a medidas y decisiones político-económicas aparentemente neutrales, Foucault argumentó que “no hay discusión sobre el equilibrio general de poder entre los países del mundo, y ningún argumento sobre las dificultades políticas y económicas que conlleva la ayuda a los refugiados puede justificar que los estados abandonen a esos seres humanos a las puertas de la muerte”. Hablando en 1984 durante el lanzamiento de una iniciativa para enviar un barco para escoltar a las personas que huyen desde el sudeste asiático en bote, Foucault elaboró sobre este punto:

¿Quién nos nombró, entonces? Nadie. Y eso es precisamente lo que constituye nuestro derecho… Después de todo, todos somos miembros de la comunidad de los gobernados, y por lo tanto estamos obligados a mostrar solidaridad mutua. Debemos rechazar la división del trabajo que tan a menudo se nos propone: los individuos pueden indignarse y hablar; los gobiernos reflexionarán y actuarán… La experiencia demuestra que uno puede y debe rechazar el rol teatral de la indignación pura y simple que se nos propone.

Lo que Foucault describió como las “puertas de la muerte” es también la “puerta” a una arcaeología de la finitud humana, una en la que un concepto metafísico de la vida póstuma—una necropolítica, como diría Achille Mbembe—se basa en la destrucción selectiva y catastrófica de los seres vivos, y la facilita.

Yoosun Park y Joshua Miller, “The Social Ecology of Hurricane Katrina: Re-Writing the Discourse of ‘Natural’ Disasters,” Smith College Studies in Social Work 76, no. 3 (2006): 9–24; Gregory Squires y Chester Hartman, There Is No Such Thing as a Natural Disaster: Race, Class, and Hurricane Katrina (Nueva York: Routledge, 2013).

Lynn R. Goldman, “We Calculated the Deaths from Hurricane Maria. Politics Played No Role,” Washington Post, 15 de septiembre, 2018, sección Opinions.

Angela Mitropoulos, “Oikopolitics, and Storms,” The Global South 3, no. 1 (primavera 2009): 69.

Nota de traductor: el término original es “Arkaeology”, cuya ortografía combina las palabras “Ark” (arca) y “archaeology” (arqueología).

Lugares similares incluyen The Holy Land Experience [La experiencia de la Tierra Santa] en Orlando, Florida y el Creation Museum [el Museo de la creación], en Petersburg, Kentucky.

Susan L. Trollinger y William Vance Trollinger, Jr., Righting America at the Creation Museum (Baltimore: John Hopkins University Press, 2016), 2.

Theodor W. Adorno, “Valery Proust Museum,” en Prisms, trad. Samuel Weber y Sherry Weber (Cambridge: MIT Press, 1983), 175.

Michel Foucault, “Of Other Spaces,” trad. Jay Miskowiec, Diacritics 16, no. 1 (1986): 27.

Emily Cochrane, “Iraqi Artifacts Once Bought by Hobby Lobby Will Return Home,” New York Times, 2 de mayo, 2018.

Hubert Damisch, Noah’s Ark: Essays on Architecture, Anthony Vidler (editor), trad. Julie Rose (Cambridge: MIT Press, 2016).

Rosalind Krauss, “The Cultural Logic of the Late Capitalist Museum,” October 54 (otoño 1990): 3–17.

Susan Bennett, Theatre and Museums (Londres: Palgrave Macmillan, 2012).

Natalie Alvarez, Immersions in Cultural Difference: Tourism, War, Performance (Ann Arbor: University of Michigan Press, 2018).

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Para textos relevantes sobre los escritos de Kant sobre raza, ver Jon M. Mikkelsen, editor, Kant and the Concept of Race: Late Eighteenth-Century Writings (Albany: SUNY Press, 2013).

Nota del traductor: la frase es el lema de campaña de Donald Trump, que puede traducirse como “Haz que Estados Unidos vuelva a ser grande”.

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